Mis prendas yacen al sol contaminadas con el olor de tu tabaco. Olor a incertidumbre por desconocer si se han acabado tus besos. Las caricias que me transportaban a otro mundo. Y le tengo envidia a tu espíritu libre, a tu fuerza, a tu energía. A esas ganas de vivir por las que yo muero. Y rezo aun siendo ateo porque el tiempo se detenga y blasfemo con pensamientos impuros, perdiendo los dulces deseos en un jardín sin podar. El viento arrastra tu olor. En mi mente se me aparece tu pálido rostro con semblante impaciente. No es tiempo para llorarle al reloj por unos minutos más. No es tiempo para perderme en absurdos. No es tiempo para escribir en blogs y faltar a la cita con tus miradas.
Maldita incertidumbre tantas veces dueña de nuestros actos y pensamientos desconcertantes, hace darnos cuenta de que vivimos en la sinrazón y el desasosiego, por anhelar aquello que no es más que espejismos en un desierto y obcecarse en conseguirlo nos hará infelices pero debemos hacerlo para evitar la incertidumbre que a la larga, siempre, aparece. Es el hándicap de los soñadores.Me gusta mucho como escribes
ResponderEliminarPD. soy lerda y lo borré sin querer