Dichosos los nuevos días en los que amanezco a tu lado. Se me dilatan los ojos al contemplar tan hermoso resplandor matutino. Generosas mis palabras que te tratan cual divinidad. Es una mañana alegre y no hay nada que justificar. Mil veces he soñado con esto y que lo importante es el camino defienden muchos. Me conformo con el premio de tenerte. De llorar de alegría y me rindo a la dulce hipocresía de tus labios que resucitan antiguos cantares y bailaré hasta que las piernas desvanezcan ahora que tengo un motivo para seguir vivo. y escribo para dejar constancia de que la alegría es difícil de expresar en palabras.
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